Han pasado ya 3 meses.
El sol definitivamente ha dicho adiós. La mejor forma de mantenerse calentito es no salir de casa o un buen chocolate caliente.
Llevaba días sin salir de casa, mi madre me ha obligado a dar un paseo. He tenido que aceptar a regañadientes. Cogí mi abrigo con el cual parezco un pingüino danzando por las heladas calles de Sandville.
Cogí mi bolso y salí. El frío y la blancura lo cubría todo. Estaba todo nevado: los coches, las farolas, las calles, los tejados, todo.
Me dirigí al parque Marie Claire, allí por lo menos estaría más tranquila. Me senté en un banco y vi como había niños correteando mientras que sus padres entablaban conversación alegremente.
-Qué tiempos aquellos...
Mi mente empezó a hacer memoria...
-Tú la llevas, ¡jajajajajajaja!
-¡Heeey!¡No vaaaleee!
-Ja ja ja ja ja
Jack corría detrás mía, siempre desgarbado con sus mejillas coloradas y sus gafas de cristal grueso. Era una tarde de Junio, tarde bastante calurosa. Jugábamos al pilla-pilla ahora que en verano teníamos tiempo. Era un chico genial, mi mejor amigo.
-¿A que no me atrapas , ehh?
-Ahora verás, jajajajajaja.
Siempre jugábamos en ese parque.
-¡Mira!¡El camión de los helados!
-¡Vamos a por uno!
Corrimos hasta el camión abarrotado de niños con ganas de tomarse algo dulce y fresquito.
-¿Qué se te apetece, muchacho?
-¡Yo quiero un helado de chocolate!
-Muy bien, aquí tienes.
-¿Y tú, Bianca?
Bianca...Bianca...
...
...
...
...
-¡BIANCA!
Me levanté de un susto. Mi madre estaba ahí, con mirada preocupante pero a la vez relajada.
-Bianca, te llevo buscando toda la tarde. ¡Llevas horas fuera!
-Lo siento, mamá. Me he quedado dormida.
-Anda, vamos a casa a entrar en calor, estarás muerta de frío.

No hay comentarios:
Publicar un comentario