Me he secado las lágrimas con la manga del jersey. De repente, empecé a sentir frío. Demasiado diría yo.
-¿Estaré cogiendo un resfriado? Genial, lo que me faltaba.
Me levanté de la ventana y fui a por el termómetro.
-¿Pero qué dem...?
El termómetro marcaba por debajo de los 35º grados. Empezaba a sentir que mi cuerpo se solidificaba poco a poco. Me miré la mano.
-Se...¡Se está agrietando!- grité.
Entonces sentía como si me desvaneciera en un vacío cada vez más frío. Miré hacia el espejo. Ahí estaba yo, mi imagen reflejada, flacucha, blandengue, blanca... pero temblaba de frío. Mi cuerpo comenzaba a cubrirse de escarcha. Salía vaho de mi boca, y las pestañas se llenaban de pequeños carámbanos de hielo.
Esta vez, la atracción era más fuerte, sentía cómo me consumía. Resistía como podía pero la presión pudo conmigo...y caí hacia la oscuridad de un vacío helado.
-¡Ahh!
Desperté sudorosa y con la cara empapada de lágrimas. Volvía a sentir el calor corporal de siempre. Me miré al espejo. Ya no había escarcha ni hielo, sólo mis mejillas sonrosadas de siempre.
-¿Es que no puedo descansar ni en mis propios sueños?- farfullé.
Cogí mi diario, tirado en el escritorio y los guardé en su sitio, en la estantería, al lado del diccionario de Francés.
Mi mochila seguía en la esquina de la cama. La cogí y me dispuse a hacer los deberes. Era sólo el primer día, así que sólo teníamos pocos. Saqué el libro de Historia cuando un trozo de papel cayó al suelo.
-¿?
Era una nota. Ponía 'Saludos nueva, que sepas que no estás sola'.
En ese instante un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. ¿Debería sentirme mejor o preocupada? Ten cuidado con lo que deseas, puede ponerse peor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario