De camino a casa, el trayecto fue bastante silencioso, apenas compartíamos unas palabras. Cuando llegamos, mamá se encerró en su cuarto y echó el pestillo. Yo no daba crédito a su comportamiento, la aparición de un viejete ha hecho que cambie el curso de las cosas, esto me suena a la famosa 'causalidad histórica' que dimos un día en clase. Me fui a mi cuarto, me desvestí y me puse el pijama. Aunque no hayamos hecho ninguna proeza en estas 3 horas, me sentía agotada y llena a reventar, no tenía que haberme comido la tarta de queso. Me tumbé en la cama y dejé volar mi imaginación. ¿Qué narices había ocurrido hoy? Cerré los ojos un instante y visualicé la cara de aquel hombre. Su cara era de aspecto cansado, tenía unas patas de gallos impresionantes y bolsas bajo los ojos. Su papada era bastante pronunciada y llevaba unas gafas bajas, supongo que no verá nada de cerca como la gente mayor. Tenía una calva considerable y el poco pelo que le quedaba era bastante canoso, casi tirando a gris. El cuerpo rechoncho y gordo, con su gran chaquetón beige. Recuerdo que aunque estamos en pleno invierno, ese hombre chorreaba sudor bajo las mangas del chaquetón. Estoy segura que este señor morirá de infarto, se le ve venir. De repente, la imagen que tenía en mente empezó a hablar, a emerger la voz temblorosa del café:
-Hablar...oficina...increíble...Diana...
Intentaba localizar la idea de lo que aquel hombre dijo, a qué se debía tanto misterio. Entonces, me acordé de la tarjeta: ''Sr. Jenkins, abogado e investigador''.
Abogado e investigador... ¿Por qué iba mi madre a conocer a un investigador? Un abogado pase, pero ¿un investigador?
Abrí los ojos. Ya era de noche.
-Genial, me he quedado dormida- dije para mí.
Me levanté para ver que hora era. Las dos de la mañana.
-¡Pues sí que me he pegado un buen sueñecito!
Fui hasta la cocina a por algo de leche y galletas, las de las pepitas de chocolate tan ricas. Cogí mi vaso y el paquete de galletas y cuando iba hacia mi habitación, dirigí la mirada hacia el cuarto de mamá. La puerta estaba entreabierta y me acerqué.
-¿Mamá...?- susurré.
Abrí la puerta y para mi sorpresa no encontré a nadie, estaba totalmente vacía. Casi me atraganto con las galletas del subidón de adrenalina que me dio en ese momento. Busqué por toda la casa por si acaso, pero no encontré a mamá, ni una nota, un indicio, algo, fuese lo que fuese. No sabía que hacer por lo que lo que pensé fue coger mi abrigo y salir a la calle. Cogí las llaves, me vestí con ropa abrigada y fui hasta la puerta a por mi abrigo y el móvil, que se estaba cargando. Entonces me fijé que el abrigo de mamá seguía ahí.
Rebusqué en su bolsillo y encontré la tarjeta del Sr. Jenkins. Pensaba ir a la policía a contarle todo lo sucedido hoy y ver que pasa, pero entonces me percaté de que la tarjeta tenía en letras diminutas una dirección escrita.
-Llevo una temporada sin coger el coche, pero no me va a quedar más remedio.
Agarré las llaves del coche y me lancé hacia el exterior, sintiendo el punzante frío de la noche en mi cara.

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